Darkness

Si tienes medo…entonces no es tu sitio..

Demonio femenino de la tempestad en el panteón babilónico, y llamada Lajil (que significa “noche”) por los cananeos, Lilith aparece en la tradición heterodoxa bíblica como la “enemiga de Eva”, a quién su marido abandona por ella tras el nacimiento de Abel y previo al de Caín (engendrado, según dicen las malas lenguas, por el demonio Samael). En la versión ortodoxa Caín es en cambio el primogénito.

Los siempre sutiles intérpretes de la ley talmúdica le dan un giro a la leyenda, sugiriendo que fue Lilith la primer mujer de Adán, a la cuál este prototipo de macho repudió porque no se sometía al arquetipo de la obediente y sumisa esposa; razón por la cual Dios no tuvo más remedio que recurrir a la costilla adánica para crear a una sustituta idónea: la previsible e insulsa Eva, madre de la especie humana y pálido ejemplo de la monótona resignación que la sociedad exige de las mujeres. Pero erotismo y maternidad son poco conciliables, y el trasnochado Adán regresó a Lilith para gozar de sus incomparables artes amatorias.

Esta historia explica porqué Lilith terminó siendo la reina de los súcubos, la tentadora infértil, la obsesión nocturna de las pesadillas eróticas de los hombres, la vampiresa por excelencia, condenada a errar sin refugio ni descanso por las tinieblas del mundo.

Esa es la idea que los textos sagrados nos legaron de la mujer, y de su supuesta fascinación natural por el desenfreno y el pecado; sólo corregible bajo el sometimiento y el rigor. Por ello fueron privadas de la honra las vestales órficas, las sacerdotizas de Dionisos y las bacantes romanas, y quemadas por millares las lejanas brujas que confortaban en las aldeas y los bosques a los desposeídos.

Veamos ahora porqué se considera a Lilith como “Madre de los Vampiros”.

Según el mito, cuando Lilith se niega a mantenerse debajo de Adán durante el acto sexual, huye hacia la noche transformándose en aire frío (algunos dicen que luego los ángeles lograron atraparla en el Mar Rojo); y es aquí dónde el mito se quiebra, Lilith pasa de la protesta y la tímida huida a las acciones. La tradición hebraica de oriente afirma que en éste punto Lilith comienza a vengarse a través del infanticidio. ¿Os parece exagerado una venganza semejante? Es posible que así sea, pero sigamos investigando y veremos el porqué de esta elección tan radical y violenta.

Lilith mata y se alimenta de bebés por una razón muy sencilla: en la época en la que se desarrolló la leyenda se pensaba que el embarazo se producía sólo mientras la mujer tomaba una posición pasiva durante el coito; por lo tanto lo que Lilith no deseaba (cuando huyó de Adán) era el embarazo; negaba su condición de madre sabiendo que así resignaría su rol de mujer; es entonces natural que se haya asociado su venganza a aquello que más odiaba.

Aquí la trama se hace más compleja; y no seguiremos las tradiciones del Zohar, como seguramente aconsejaría la prudencia, sino que revelaremos el misterio de su odio a través de la intuición: Lilith encauza su venganza golpeando en dónde más le duele a una madre, a sus hijos.

Y la venganza creció; según algunos textos del talmud babilónico, Lilith logra escapar a la maldición que Dios envía a los hombres tras la caída de Adán y Eva. La pareja pierde la inmortalidad pero Lilith evita la pena por no estar presente, y conserva así su penosa inmortalidad. ¿Cómo pudo ser posible esto? Muy simple, ella no está presente porque “es la noche”, la oscuridad; es lo que se mueve en la penumbra; ¿qué es acaso el sol sino un tenue brillo en la inmensa oscuridad del universo? El pecado original ocurre durante el día; tal como se desprende del análisis del Génesis; por lo tanto es perfectamente claro que ésta es la razón por la cuál Lilith conservó su eternidad.

Así pasó Lilith a la historia del mito y la leyenda; cómo la antagonista de Eva (prototipo de la esposa-madre), enemiga del hogar y la sumisión. Será la noche con todos sus misterios y secretos; será eterna, inmortal, beberá sangre de los cuellos aún palpitantes y seguirá siempre sedienta, se alimentará de nuestras pesadillas; y con el tiempo, y a pesar de la aparente paradoja, la tradición popular le dará el noble epíteto de Madre de los Vampiros.

Mas que una web…

Posted by Solty-Rei on Ago-5-2009

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Vampiros ¿existen de verdad?

Posted by Solty-Rei on Jul-10-2009

La isla de Lazzaretto Vecchio, al sur de Venecia, no es más que una minúscula porción de tierra de dos hectáreas que sostiene las casas de lo que fue un antiguo hospicio para los peregrinos de Tierra Santa, un hospital y un depósito militar de municiones. El lazareto (que toma su nombre de la orden religiosa de San Lázaro, que se ocupaba de cuidar a los leprosos) era el lugar donde los barcos que venían del Mediterráneo y de Oriente descargaban, antes de arribar, a cualquiera con los síntomas de la peste bubónica, que asoló Venecia entre los siglos XV y XVI y acabó con 50.000 personas. Hace tres años, un grupo de antropólogos italianos descubrió aquí una fosa común con más de 1.500 esqueletos. Y recientemente, el pasado marzo, Matteo Borrini, de la Universidad de Florencia, anunció un descubrimiento sensacional: había desenterrado los restos de un vampiro

Se trataba del esqueleto de una mujer a la que se le había desencajado la mandíbula por culpa de un pedazo de ladrillo que los sepultureros, aterrados, le habían introducido en la boca. Creyeron que estaban delante de un no-muerto, un ser capaz de abrirse paso a mordiscos a través del sudario. Esta técnica es un exorcismo descrito en el folclor. Históricamente, se consideraba que los cadáveres que muestran sangre fresca en la boca y en la nariz no habían muerto en realidad. Y en una época donde la peste se presentaba de improviso en cada rincón y en cada casa, en la que las personas caían fulminadas de un día para otro como si estuvieran siendo elegidas por una mano caprichosa y mortal, la creencia en los vampiros como transmisores del mal corría casi más rápido que las ratas y pulgas infectadas por la bacteria neumónica. Estos seres de ultratumba podían volver para morder a sus semejantes, infectándolos con el mal, y por ello era imperioso bloquear sus dientes con un pedrusco. “La verdad, tuve suerte, no esperaba desenterrar un vampiro durante mis excavaciones”, fueron las palabras de Borrini a National Geographic. La arqueología no se había topado con un caso parecido, pero a veces salta la sorpresa: las creencias y las supersticiones dejan en raras ocasiones un rastro material que sobrevive al paso de los siglos.

Lazzaretto Vecchio fue un lugar infernal. Los muertos por la peste obligaban a los sepultureros a reabrir las fosas periódicamente para arrojar los nuevos cadáveres. Hoy, los esqueletos aparecen apiñados y mezclados en todas las posiciones a lo largo de una zanja de poco más de dos metros y medio de anchura, en medio de una tierra oscura. Borrini piensa que la baja formación de los sepultureros reforzó su creencia en el vampirismo. Al reabrir la fosa exponían los cuerpos, que no se descomponían al mismo ritmo. Era como una clase de anatomía de la muerte mal comprendida. Los diferentes grados de putrefacción arrojaban singulares diferencias entre los cadáveres. En el caso de la mujer, quizá alguien la contemplara tan sólo unos días después de su muerte mientras arrojaba otras víctimas; se persignó, haciendo la señal de la cruz y temblando por la maldición del vampiro. Tras la muerte, las bacterias que tenemos en el estómago y los intestinos quedan fuera de control y descomponen las vísceras, formando gases burbujeantes y líquidos que hinchan de forma notable el vientre del cadáver. El fluido resultante tiene color negruzco y puede migrar libremente hasta la boca y las fosas nasales. Como resultado, es probable que la mujer rezumase ese fluido negro. Alguien pensó que había escapado para morder a sus semejantes, volviendo de la muerte. El mismo líquido puede corroer el lino formando agujeros, dando la impresión de que el vampiro se había revuelto tratando de salir de su prisión de tela a dentelladas.

¿Pero de qué tipo de vampiro estamos hablando? La palabra evoca instantáneamente al ser elegante, pálido, de clase alta -rumano para más señas, si se quiere- y con una capa negra de forro encarnado, labios finos que ocultan unos caninos considerables y capacidad para convertirse en murciélago, en araña y en lobo. Ninguna de estas características ha dejado pista alguna en el esqueleto de la mujer veneciana. En realidad, el vampiro que ha sido tallado por la historia y la leyenda no tiene nada que ver con el cinematográfico o el literario. ¿Drácula? Vlad Dracul o Vlad Tepes fue un príncipe rumano que tenía fama de empalar a sus enemigos, pero fue el escritor Bram Stoker quien lo usó como prototipo para crear al famoso conde. Y aquí comenzó un fenómeno formidable, imparable, de contaminación mental. El entretenimiento traído por la novela de Stoker mezcló los hechos históricos y se convirtió en seudohistoria. Quizá una parte del público admita que Vlad Tepes no fue un vampiro, sino un personaje diabólico y cruel. Pero en una guerra, ¿quién no lo es con los enemigos? Tepes, príncipe de Valaquia, mantuvo una heroica resistencia contra los turcos y la sombra del imperio otomano cerniéndose sobre el país. ¿Cómo reacciona un rumano cuando un icono nacional es proyectado al mundo exterior como un monstruo? “Los rumanos de más edad se enojan bastante”, explica el profesor Daniel Collins, un experto lingüista de lenguas eslavas de la Universidad estatal de Ohio (EE?UU), a El País Semanal. “Para comprenderlo, basta con calcular qué edad tenían bajo el régimen de Ceaucescu. Vlad era un héroe nacional y así lo aprendieron en la escuela”. El enojo de los rumanos más viejos puede ser grande, pero la cosa cambia con las generaciones más jóvenes, con una mentalidad mercantil, orientada al negocio, opina Collins. “En cuanto se dieron cuenta de que los turistas con dinero acudían al país atraídos por Drácula, se apuntaron a la idea y la reforzaron”.

Paul Barber es un investigador del folclor de los vampiros que ha trabajado asociado al Museo Fowler de Historia Cultural de la Universidad de California. También es autor de una obra que se ha convertido en un clásico, Vampires, burial and death, folklore and reality (Yale University Press, no traducido al español), un estudio minucioso sobre el fenómeno del vampirismo a la luz de la antropología forense, el ritual y significado de los enterramientos. La industria del entretenimiento ejerce una influencia tan extraordinaria que resulta fácil identificar su huella. No hay más que teclear Drácula en Google: más de 13 millones de entradas, páginas web de vampirólogos y fanáticos, murciélagos con fondos oscuros y sanguinolentos y demás parafernalias de la muerte. Las organizaciones sobre el fenómeno Drácula también abundan. Las hay a decenas: la Sociedad de Bram Stoker en Dublín, la Sociedad del Conde Drácula en Los Ángeles o la Sociedad Occidental de Lucy y los No Muertos en Tennessee… Estos grupos, que reclaman conexiones históricas con el vampirismo, están contaminados por una mitología puramente inventada, indica Barber. “La mayoría de la gente ignora que a través de la historia europea se han producido informes extensos y detallados sobre cadáveres que han sido desenterrados de sus tumbas, declarados vampiros, y asesinados”, escribe Barber en la revista Skeptical Enquirer.

El vampiro folclórico es muy distinto del que tenemos en mente. Para empezar, hablamos de campesinos, no de gente de la nobleza. No hay descripciones de que estos vampiros tengan largos colmillos afilados, ni capa, ni que se transformen en animales, ni que vivan en castillos. El vampiro, de golpe, pierde todo su glamour, heredado de una rica tradición de la literatura victoriana que trasladó personajes ambiciosos, con talento y bien educados, a los argumentos fantásticos. Es pobre, no tiene ni un duro. No viste de etiqueta. Los campesinos del siglo XVIII no tenían muchos vestidos que ponerse. “Los colores predominantes eran el blanco y el rojo, no el negro”, explica Collins. Y no solamente se alimentan a mordiscos. En la tradición eslava, el vampiro no solamente consume sangre, sino cualquier cosa que uno necesita para vivir. “En los Balcanes, los vampiros arruinan los silos de grano”.

En una mirada retrospectiva al pasado, huyendo del terremoto Bram Stoker, folcloristas como el británico Dudley Wright, autor de un clásico sobre el tema escrito en 1914, sostiene que el vampirismo ya ocupaba un espacio en las creencias de los babilonios sobre el más allá. Las referencias más tempranas se remontan a signos escritos en tablas de arcilla de Caldea y Asiria. Los romanos admitieron la creencia de que algunos cuerpos enterrados podrían volver a la vida mediante hechizos, y para prevenir tales resurrecciones quemaban los cuerpos; las leyendas griegas, escribe Wright, están plagadas de maravillosas historias de muertos que se levantan de sus tumbas para alimentarse de la sangre de los jóvenes y hermosos. Y en la Europa del siglo XVIII, el folclor vampírico se extendió por Austria, Hungría, Polonia, las islas Británicas, y, por supuesto, el principado rumano de Valaquia.

Este vampiro folclórico es mucho más desconocido, pero no por ello menos fascinante. Su aspecto físico dista mucho de los vampiros de las películas, como la reciente Crepúsculo, o de los filmes de terror de la serie Underworld. Los vampiros no son hermosos; eso depende de si lo fueron en vida. Y desde luego, no reflejan palidez en la piel. “El vampiro tiene la cara roja. Hay una expresión popular en Serbia y en el norte de Polonia que dice ‘colorado como un vampiro’, dirigida a las personas que se sonrojan con facilidad”. “Si lees cuidadosamente los relatos sobre el desenterramiento de los vampiros”, explica Collins, “de los cuerpos que no se habían descompuesto, se les describe como de color rojizo”. En realidad, el fenómeno tiene una explicación fisiológica. Cuando un cuerpo se pudre, la epidermis comienza a desprenderse, dejando la capa subyacente, la dermis, expuesta al exterior. Una persona puede pensar que la piel del cadáver se está regenerando. Pero también es cierto que, dependiendo de la posición del cuerpo, los tejidos pueden saturarse de sangre. Si el cuerpo está postrado boca abajo, el rostro puede enrojecerse, dando la apariencia de una cara oscura. Es el livor mortis, o la lividez. Otro efecto explicado en las observaciones es el crecimiento del pelo y de las uñas, pero lo cierto es que se trata de una impresión visual: al retraerse la piel, las uñas y la barba parecen más largas. Una de las curiosas descripciones que sugieren que uno de estos cadáveres, al ser atravesado por una estaca de madera, grita como si en verdad estuviera vivo, encaja con un hecho fisiológico sorprendente, aunque poco conocido: debido a la acumulación de gases en el abdomen, la perforación con una estaca puede forzar el aire a pasar entre la glotis y las cuerdas vocales, produciendo un sonido singular. Incluso la cuestión del vampiro transformándose en murciélago tiene una raíz científica. El gran naturalista Carlos Linneo bautizó a un murciélago gigante de América central de hasta 13,5 centímetros de envergadura como Vampyrum spectrum. Linneo pensó erróneamente que chupaba la sangre (de las mil especies clasificadas, sólo tres lo hacen realmente), seguramente influido por el folclor popular.

El comportamiento de los vampiros abre una ventana a la psicología de la época victoriana. En las películas, el conde Drácula parece ejercer un hipnotismo sobre sus víctimas que, a la postre, resulta fatal. Y por supuesto, también está el sexo. Las tradiciones hablan de historias en las que un marido muerto regresa para estar con su mujer, o que un hombre que no estuvo casado regresa de la tumba para tener sexo con jóvenes. Pero a diferencia de lo que muestra el cine, la mujer no se siente atraída por el vampiro; lo teme. Y curiosamente, la sexualidad también está ausente en muchas creencias, puesto que todo ser (mujeres y ancianos) es susceptible de convertirse en vampiro. “En mi opinión, la facultad hipnótica es un invento de Bram Stoker”, dice Collins. “En su novela Drácula, Stoker muestra un renovado interés por la mente subconsciente, en tiempos anteriores a los de Sigmund Freud, y por ello Drácula practica la hipnosis, al igual que el doctor Van Helsing”. La otra razón estriba en lo que uno esperaba de una mujer joven en la época victoriana. “Ellas nunca dejarían que un hombre entrara en su dormitorio, ni saldrían con un desconocido. Para proteger su reputación de buenas chicas, Stoker tenía que hacer que Drácula controlase sus mentes”.

El neurólogo español Juan Gómez Alonso, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Xeral de Vigo, realizó una tesis doctoral sobre vampirismo, y en su investigación encontró curiosas similitudes entre los vampiros y la rabia. Para empezar, esta patología es transmitida por un virus mediante mordedura, y los animales transmisores, el perro, el lobo y el murciélago, aparecen también en la mitología del vampiro. “El virus tiende a invadir la parte más primitiva del cerebro, conocida como el sistema límbico”, responde este experto en un correo electrónico. La rabia furiosa en una persona produce un comportamiento que recuerda mucho al del vampiro, con “agresividad primitiva, apetito sexual exacerbado, insomnio pertinaz, tendencia a vagar sin rumbo”, y la intolerancia a determinados estímulos, y olores, espejos, agua y corrientes de aire. Este comportamiento se ha constatado también en animales enfermos de rabia. Alonso apunta una coincidencia cronológica sorprendente. “A principios del siglo XVIII Europa sufrió una importante epidemia de rabia que afectó a perros, lobos y otros animales en la zona oriental”. En Hungría, por ejemplo, la epidemia fue más intensa entre 1720 y 1730, cuando las principales revistas y gacetas de la época recogieron historias de vampirismo.

¿Por qué los vampiros no han perdido ni un ápice de atractivo para el público? “En nuestra sociedad, la medicina ha prolongado la vida, y la muerte se ha transformado en algo no familiar”, concluye Daniel Collins. “La mayoría de la gente muere en los hospitales en vez de en sus hogares”. La industria funeraria es muy rentable, y los fallecidos son maquillados para tener un aspecto saludable. “El vampiro que vive tras la muerte desafía lo establecido, y la sociedad occidental moderna siempre ha valorado algo como echar abajo los tabúes, romper con lo prohibido, por lo que la idea de cruzar la frontera hacia un territorio prohibido es muy atractiva e inspiradora. La línea entre la vida y la muerte es el tabú”. Los vampiros, en definitiva, desafían esa línea imposible, van y vuelven, y eso les hace irresistibles.

Miedo a los no muertos….

Posted by Solty-Rei on Jul-2-2009

Acaso todas las historias de vampiros son sólo materia de pesadillas o de películas de terror? Existen pruebas de que el miedo a los vampiros es hoy tan real como lo ha sido siempre?

A primera vista, la creencia en vampiros parece ser la más descabellada de todas las supersticiones. Los fantasmas, e incluso los hombres-lobo, parecen relativamente racionales comparados con la idea de unos cadáveres que abandonan sus ataúdes por la noche para chupar la sangre de los vivos; sin embargo, las leyendas en torno al vampirismo han persistido desde tiempos inmemoriales, y todavía hay quien la sustenta hoy.

El problema que rodea las leyendas y creencias relacionadas con los vampiros estriba en separar la fantasía -para algunos eso es todo lo que hay en ellas- de la verdad. A una persona racional se le puede disculpar el que contemple la búsqueda de «vampiros auténticos» con un escepticismo más que considerable, puesto que, ¿cómo pueden existir semejantes criaturas? ¿No serán tan sólo fruto de la imaginación?

No obstante, hay noticias de que en la Europa oriental, en el siglo XVIII, el vampirismo había alcanzado unas proporciones casi epidémicas. La documentación al respecto es tan detallada, y entre los testigos figuran personas tan dignas de crédito (como clérigos y médicos), que parece imposible que todas ellas estuvieran equivocadas. Sin embargo, el escéptico puede alegar aquí que cabe que los clérigos del siglo XVIII hubieran dicho la verdad, sí, tal como la veían ellos, pero que esta verdad se hubiera visto lamentablemente mezclada con el miedo, la superstición y la ignorancia. Y antes de relegar a los vampiros a la categoría de reliquia del oscurantismo, tal vez deberíamos considerar la moderna controversia sobre lo que constituye el estado de la muerte. Si, con los equipos técnicos más avanzados a nuestra disposición, todavía no podemos ponernos de acuerdo en cuanto al momento preciso de la muerte, tal vez no convenga pasar por alto estas noticias sobre los vampiros que nos llegan con una antigüedad de 200 años.

Según los informes de que se dispone, Austria, Hungría, Yugoslavia y Rumania (que estaba entonces dividida en los tres estados separados de Valaquia, Moldavia y Transilvania) se vieron particularmente infestadas por el vampirismo en los siglos XVI, XVII y XVIII. Éste constituyó un problema que implicó a centenares de testigos oculares, pertenecientes a todas las capas de la sociedad. Un cirujano, llamado para investigar una serie de casos, escribió: «El vampirismo… se propagó como una pestilencia a través de Eslavia y Valaquia, causando numerosas muertes y trastornando todo el país con el temor a los misteriosos visitantes contra los cuales nadie podía sentirse seguro.»


La mayoría de los casos descritos en estas regiones y en dicha época presentaban rasgos comunes; un relato clásico es el que cita a una delegación que salió de Belgrado en 1732 para investigar el caso del supuesto vampiro que, al parecer, atacaba sistemáticamente a los miembros de una familia en una aldea remota. Cuando los funcionarios investigadores llegaron allí -entre ellos figuraban hombres de tanta importancia como el fiscal público- se les dijo que un aldeano, que había fallecido tres años antes, había regresado como vampiro para aterrorizar a su propia familia. Había matado ya a tres sobrinas y un sobrino desangrándolos por completo, y hubiera dado muerte a su quinta víctima -otra sobrina, bellísima- de no haber sido interrumpido en su tarea y obligado a huir en las tinieblas de la noche.

Los delegados oficiales y los supervivientes de la aterrorizada familia se reunieron alrededor del «vampiro» al caer la oscuridad. Cuando abrieron el ataúd, encontraron lo que, según todas las apariencias exteriores, era un hombre dormido (o tal vez inconsciente). Debiera haberse descompuesto mucho tiempo antes, pero lo cierto es que parecía tan rebosante de salud como cualquiera de los que contemplaban su tumba. Tenía los cabellos y las uñas largas, los ojos entreabiertos, y su corazón todavía latía. De acuerdo con la norma tradicional, el corazón del «no muerto» fue atravesado con una barra de hierro aguzada en un extremo. Brotó una mezcla horrible de líquido blanco y de lo que parecía ser sangre fresca, pero era preciso terminar el trabajo y, por tanto, cortaron su cabeza con un hacha y sepultaron aquellos restos macabros en una fosa llena de cal viva.

Según otra historia de vampiros, ambientada en el mismo lugar y en la misma época, un joven soldado húngaro, que se alojó en una granja de la localidad, se sintió trastornado ante la reacción de la familia propietaria de la misma cuando una noche, durante la cena, llegó un anciano y se sentó a comer con ellos. Tocó el hombro del granjero, y toda la familia dio muestras del más vivo terror. Al día siguiente explicaron al soldado los motivos de su actitud. Dijeron que durante aquella noche el granjero había muerto a causa, según ellos, del anciano que le había rozado; el anciano en cuestión era el padre del granjero, y llevaba más de diez años muerto. La desconsolada familia insistió en que no se trataba de un mero fantasma, sino de un vampiro. Impresionado por lo que había visto y oído, el soldado explicó el caso al jefe de su regimiento, el cual ordenó que se abriera la tumba del anciano. El siniestro visitante de la noche anterior yacía allí como si acabara de morir, pero sus venas contenían sangre «como la de un hombre vivo». Le fue cortada la cabeza y se dejó que su cadáver descansara, esa vez para siempre.


Una Cura Mortal

Aunque la lucha contra el vampirismo variaba en ciertos detalles según los lugares, siempre era drástica, y no podía ser realizada por personas medrosas. La técnica favorita consistía en clavar una estaca de madera o de hierro en el corazón del supuesto vampiro (método también utilizado en Gran Bretaña para impedir que los espectros de los suicidas vagaran por la noche). Con frecuencia, el vampiro así tratado despedía un hedor repugnante, cosa que nada tiene de sorprendente, y en un caso se describió un cadáver que «se hinchó como una gran sanguijuela a punto de reventar». Los procesos normales de descomposición, con los que muchos lectores modernos distan de estar familiarizados, justificarían a la vez el olor insoportable y esta hinchazón grotesca, pero los campesinos supersticiosos, aterrorizados como estaban, no se detenían a considerar este hecho cuando se trataba de eliminar por medios expeditivos al «vampiro». Otro informe manifiesta que «brotaba en cantidad una sangre fresca y de color escarlata, por la nariz, la boca y cierta parte del cuerpo que la decencia impide nombrar». Sin embargo, los que están familiarizados con los efectos físicos de la muerte -enfermeras, personal de las empresas funerarias y verdugos, entre otros- saben perfectamente que estas emisiones no son raras cuando se relajan los músculos después de la muerte, tanto antes de que se instaure el rigor mortis como al dejar éste de ejercer sus efectos. Con muy raras excepciones, los cadáveres se descomponen, pero no todos los cadáveres no descompuestos son vampiros.

Existen, sin embargo, detalles curiosos que parecen indicar que ciertos relatos referentes a los vampiros señalan hechos anormales y que merece la pena investigar. Se ha dicho que uno de los «no muertos» lloró y gritó con rabia cuando le fue clavada la estaca. Esto hubiera sido ciertamente notable de haber estado el hombre verdaderamente muerto, pero no resultaría tan extraño si hubiera sido enterrado vivo aunque todo pareciera indicar su muerte, es decir, en estado de catalepsia. Y parece ser que algunas de estas historias han exagerado el tiempo que llevaba el «vampiro» muerto y enterrado, como veremos seguidamente.


En 1746, el monje francés dom Calmet, una de las primeras autoridades en vampirismo, trató de mantener una actitud objetiva en su búsqueda de la verdad. Y esta verdad no siempre resultaba fácil de discernir bajo el peso de numerosas supersticiones y de unos relatos más que confusos por parte de los testigos. No obstante, se vio obligado a admitir:

Se nos dice que los muertos vuelven desde sus tumbas, que se les oye hablar, que caminan, que atacan a hombres y animales cuya sangre arrebatan, haciéndoles enfermar y causando finalmente su muerte. Y la gente no puede librarse de ellos hasta que exhuman los cadáveres y atraviesan sus cuerpos con una estaca bien aguzada, o les cortan la cabeza, les arrancan el corazón, o queman los cadáveres hasta reducirlos a ceniza. Parece imposible no suscribir la creencia predominante según la cual estas apariciones proceden en realidad de sus tumbas.

Con todo, no es ésta una afirmación que soporte un examen minucioso. El relato de dom Calmet no es el de un testigo ocular, y su susceptibilidad ante la «creencia predominante» de su época hubiera podido convertirle en un cazador de brujas, un nazi o cualquier otro tipo de fanático sin la menor exigencia intelectual.

Sin embargo, el gran filósofo francés Jean Jacques Rousseau fue mucho más allá al afirmar audazmente: «Si hubo alguna vez en el mundo un hecho garantizado y probado, es el de los vampiros. No falta nada: informes oficiales, testimonios de personas de alta categoría, de cirujanos, de religiosos y de jueces; las pruebas judiciales son abrumadoras.»

Con todo el debido respeto a un gran hombre, Rousseau muestra mayor fe en las «personas de alta categoría» que en los vampiros. Y no es verdad -al menos en su declaración- que «no falte nada»; ciertamente abundan las pruebas a favor, pero Rousseau no podía tratar con tanta ligereza el tema del vampirismo.

La Superstición Predominante

Montague Summers. Muerto en 1948, creía firmemente en los malignos rasgos sobrenaturales que caracterizan al vampiro.

El clérigo británico Montague Summers, autor de textos sobre ocultismo, erró por el otro extremo, el del escepticismo, al asegurar que «en Rumania encontramos reunidas, alrededor del vampiro, casi todas las creencias y supersticiones que prevalecen en toda la Europa oriental».

Pero a finales del siglo XX se encuentran todavía personas que creen en los vampiros como seres reales y sobrenaturales. El reverendo Neil Smith, conocido exorcista de Hampstead, en Londres, cree que incluso en la populosa capital existen vampiros. Según él, son mitad animal y mitad ser humano, y absolutamente malignos. Descarta la idea de que los ataques de los vampiros sean todos «fruto de la mente» de la supuesta víctima, y cita lo que para él constituye una prueba indiscutible de su existencia, pues asegura haber intervenido personalmente en varios casos de vampirismo. Una víctima le enseñó «las marcas en sus muñecas, que aparecían la noche en que le era extraída sangre, marcas casi iguales que las realizadas por los arañazos de un animal». Niega con vehemencia que estas marcas pudieran haber sido infligidas por la misma víctima, y cita otro ejemplo de un hombre en Sudamérica, que presentaba un fenómeno similar, «como si un animal le hubiera atacado y chupado la sangre».

Y desde luego, no sólo los vampiros atacan a los seres humanos. A juzgar por un número creciente de pruebas, también lo hacen los poltergeists, los humanoides y otros fenómenos semejantes. Tal vez los vampiros sean «reales» en el sentido de que proceden de otro tiempo o lugar, de otra dimensión; tal vez sean en parte carne y en parte materialización. Sabemos tan poco acerca de lo paranormal, que literalmente cualquier cosa puede resultar posible. No obstante, unos cuantos rasgos característicos, relacionados con la sed de sangre que anima al vampiro, pueden aclarar algunos puntos.

Desde tiempos inmemoriales, el consumo ritual de sangre ha sido, en todo sacrificio, el elemento vital para conseguir energías y propiciar a los dioses. Para que un ser viva debe tener sangre, y la mente primitiva establecía una ecuación según la cual a más sangre correspondía más vitalidad. Los aztecas vertían sangre humana en las bocas de sus ídolos para apaciguarlos, en tanto que los rajás indios bebían sangre de las cabezas recién decapitadas a fin de hacerse con fuerzas superiores. Los antiguos chinos se comían los cerebros de los muertos más reverenciados para obtener sabiduría, y en la misma época vigilaban el cadáver antes de darle sepultura, para evitar que un perro o un gato se aproximara a él y lo mordiera, cosa que, según ellos creían, convertía al difunto en vampiro.

Los romanos, pese a sus excesos en otros aspectos, se horrorizaban al oír las historias según las cuales los cristianos, como parte de su culto, comían carne y bebían sangre. De hecho, parece probable que una ínfima minoría de los primitivos cristianos, al confundir la naturaleza simbólica de la comunión con el pan y el vino, hubiesen recurrido al canibalismo. Pero beber sangre, por más que pueda antojársenos un acto repulsivo, es algo muy diferente del vampirismo sobrenatural, y todo ello parece hallarse a años luz de nuestro «ilustrado» mundo moderno. Con todo, en fecha tan reciente como 1973, y en un escenario absolutamente insólito para tales manifestaciones, el temor atávico al vampiro provocó la muerte de un hombre.

El hecho sucedió en Stoke-on-Trent (Staffordshire, Inglaterra) en el corazón del «distrito de las cerámicas», una localidad en otro tiempo pródiga en actividades comerciales y escándalos de nuevos ricos, pero que actualmente se distingue tan sólo por una grandeza decadente y una sensación de inútil despilfarro. Por consiguiente, la hilera de lóbregas casas de estilo gótico, conocidas como «The Villas», no parece fuera de lugar en este paisaje melancólico. Pero lo que sucedió en la casa número 3 no puede considerarse en absoluto como un hecho natural.

Demetrious Myicura murió allí en circunstancias tan extrañas como espeluznantes. Poco se sabía acerca del difunto, excepto que era un inmigrante polaco que había llegado a aquella región 25 años antes, y que desde entonces había trabajado allí.

Un buen día no compareció en su puesto de trabajo, y nadie le vio durante varios días; preocupados, los vecinos avisaron a la policía. John Pye, un policía joven e inteligente, realizó una investigación. Al parecer, Myicura sentía una extraña aversión a la electricidad, ya que en su habitación habían sido eliminadas todas las bombillas. Utilizando su linterna de bolsillo, John Pye examinó el lugar. En el suelo había periódicos esparcidos por doquier, así como una vieja sartén debajo de la cama en la que yacía el muerto, semicubierto por un montón de ropas viejas y mantas deshilachadas. Completamente vestido, con una mano debajo de la cabeza y la otra reposando sobre su cintura, daba toda la impresión de estar durmiendo, excepto por el hecho de que su boca estaba completamente abierta, lo que confería a su rostro una expresión de horror.


Circunstancias Sospechosas

El informe del forense indicó que el hombre se había asfixiado al atragantarse con una cebolla en vinagreta. Por otra parte, no tiene nada de raro que la policía y los vecinos encuentren muertas a personas solitarias, algo excéntricas, que viven en un ambiente misérrimo. El incidente hubiera podido pasar prácticamente desapercibido de no haber intrigado a John Pye un par de detalles en aquella habitación caótica, detalles que ni siquiera valía la pena mencionar en los primeros momentos, porque no parecían guardar relación alguna con el fallecimiento del desdichado.

En primer lugar, la habitación había sido generosamente espolvoreada de sal. Entre las piernas de Myicura había una bolsa llena de este producto, y otra detrás de su nuca. Había también sal mezclada con orina en varios recipientes distribuidos por toda la habitación y un cuenco colocado boca abajo sobre la repisa de la ventana ocultaba una mezcla de excrementos… y ajo.

Estos curiosos y desagradables detalles recordaron a Pye algo que había oído o leído en alguna parte, y de pronto se le ocurrió lo que podían significar. Fue a la biblioteca y consultó La historia natural del vampiro de Anthony Master (1972). Sus sospechas se vieron confirmadas: la sal, la orina y el ajo constituían los elementos de un ritual antiquísimo para protegerse contra los vampiros.

Persuadió al juez de instrucción para que se examinara de nuevo la «cebolla en vinagreta», y resultó que, como John Pye había sospechado, se trataba en realidad de un diente de ajo. Myicura debía de haber sufrido terribles agonías de horror en su habitación, tan aterrorizado por los vampiros que llegaba incluso a dormir con un diente de ajo en la boca, y fue este «dispositivo protector» lo que finalmente le causó la muerte por asfixia.

Las obsesiones, especialmente entre las personas solitarias, adoptan formas diversas, y es evidente que ese hombre padecía la obsesión de los vampiros. Procedía de la Europa oriental, donde el miedo a los «no muertos» todavía es corriente; vivía solo, y bien cabe la posibilidad de que su mente estuviera desequilibrada.

Pero, aunque nadie sabrá nunca si estas abominables criaturas fueron alucinaciones o proyecciones de su mente, o bien la fantasía de un enfermo, el terror que inspiraban era real. Por tanto, no es erróneo decir que finalmente fueron los vampiros quienes acabaron con él.

Vampiros..dulce deseo..

Posted by Solty-Rei on Jun-24-2009

lilith

En la oscuridad, seremos siempre eternos
figuras nocturnas
destacadas por ser como fantasmas sobre la tierra
que inerte aguarda el momento de la destruccion.

Somos los sueños eroticos de los humanos
que nos ruegan entrar a sus vidas
para cambiarlas a su “Conveniencia”.

Vampiros…
Vastagos por la mano del “Creador”
que desde tiempos antiguos nos condeno a la oscuridad
en donde penso que sucumbiriamos al frio de las tinieblas.

…Oh sorpresa, ahora somos cazadores
de su raza, a la cual quiere proteger
pero que es inutil, hacia nuestros encantos.

Vampiros por siempre seremos
de tu sueño,
una dulce y cruel pesadilla.

Nocturnos…himno a los gothicos

Posted by Solty-Rei on Jun-24-2009

Negro el color de nuestras vestiduras.

No por nosotros sino por vosotros,

Por vuestros miedos y dudas.

Macabra siempre nuestra presencia.

No por maldad en nuestros corazones

Sino por marcar la diferencia.

Oscuros los lugares que frecuentamos.

No por necesidad de escondernos,

Por nuestro miedo a las tinieblas superado.

Vosotros nos señaláis con el dedo
Y nos juzgáis ridículos.

¿De que os reís, necios?

Tenemos el valor de ser distintos.

Vuestro miedo a la oscuridad representamos.

En nosotros veis vuestra propia maldad oculta.

Somos la nación gótica.

La raza nocturna.


A la medianoche, en la casa de junio, suave y bruna,
Permanecí de pie bajo aquella mística luna.
Un vapor embriagante, somnoliento,
Exhalaba sobre el valle su encantamiento,
Fluyendo gota a gota, suavemente,
Sobre la cresta calma del monte,
Robaba el delicado sopor musical
De aquel profundo del valle universal.
El romero crece sobre la tumba,
El lirio corre sobre la marea;
Envolviendo la niebla aérea,
Y las ruinas descansan juntas.
¡Mirad! Semejante al Leteo duerme el lago,
Un reposo sin tregua en su mundo soñado;
Y del sopor consciente no quiere despertar,
¡Toda la belleza duerme!
Allí donde sueña Irene,
Sola con su destino.

¡Oh, Dama brillante! ¿Puede ser real
Esta ventana abierta hacia la noche?
Los aires furiosos, desde la copa de los árboles
Ríen a través del trémulo cristal.
El aire descarnado, camino del hechizo,
Atraviesa la habitación con paso herido;
Ondeando las cortinas violentamente
-Tan terriblemente-
Abatiendo el frío marco cerrado,
Donde tu alma durmiente yace oculta.
Por el suelo y sobre los gastados muros,
Como fantasmas bailan las sombras.
¡Oh, querida Señora! ¿Acaso no temes?
¿Porqué permaneces aquí soñando?
De seguro puedes viajar hacia el mar lejano,
Una maravilla para estos árboles cansados.
¡Extraña es tu palidez! Extraño es tu vestido,
Pero sobre todo, extraña es tu delgada forma
En esta silenciosa y solemne hora.

¡La Señora duerme! ¡Oh, tal vez duerma
Un sueño perdurable, profundo!
El cielo te conserva en su santo seno,
Y este cuarto se ha hecho eterno,
Este lecho ha crecido, profético.
Ruego a Dios que ella pueda reposar
Por siempre con los ojos cerrados,
Mientras su pálido fantasma pasa a mi lado.

¡Mi Amor! ¡Ella duerme! ¡Oh, tal vez duerma
Un sueño interminable, incorrupto!
¡Piadosos serán los gusanos con su carne!
Lejos en el bosque, oscuro y viejo,
Tal vez las bisagras de su cripta se abran,
Una bóveda que a menudo absorbe la noche,
Y las negras alas al amanecer volverán,
Triunfantes sobre la pálida cresta,
Reina de una familia sepulcral.
Algunas criptas, remotas, distantes,
Cuyas puertas fueron abatidas por su mano de niña,
Lanzando en la infancia inocentes piedras;
Algunas tumbas, de cuyas sórdidas grietas
Ella nunca volverá a escuchar los ecos,
¡Es horrible pensar en los pobres niños del pecado!
Pues fueron los muertos quienes te llamaron.

Perdicion

Posted by Solty-Rei on Jun-22-2009

….Asi como el Salvador vierte su sangre divina para purificar al mundo, nosotros vertimos la nuestra para concebir a nuestros hermanos; y El, hijo del cielo, que convertio a los hombres en sagrados mediante su sacrificio, nosotros, os sacrificamos con nuestro sublime amor, cuya naturaleza consiste en alejar a los hombres de las garras de la fe.
N huiremos, ni rehusaremos de nuestra esencia. Nuestro señorio permanece en las sombras, mas no nos ocultamos, vivimos entre ganado, entre el latir de vuestros corazones, entre las revoluciones que se agitan en vuestras venas, caliz de vuestros espiritus efimeros y informes.

Escuchad nuestro llamado y abrid los ojos de la Noche Eterna, nuestra tierna madre os espera para arroparos con su manto de sutil ternura. de cricias que no conocen la verguenza.
Escuchad nuestro susurro en las cortinas de la habitacion, en viento que agita los arboles, en la sombra furtiva que se escapa a vuestros ojos, pero que palpita en vuestros spiritus con la intensidad de la realidad mas tangible.
Escuchad el llamado, Ella os espera…….

Los seis caminos de la Oscuridad

Posted by Solty-Rei on Jun-22-2009

Los seis volúmenes que sobreviven son el nexo para:

1 – El conocimiento mágico de las revoluciones estelares.

2 – El Poder de crear espectros y fantasmas con el pensamiento, y que estos, a pesar de que su existencia no supera las 72 hs, puedan servir a su creador en diferentes tareas, las cuales se reducen casi siempre a variantes de una misma: ingresar en el lecho de una persona a la que se quiere enamorar, y susurrarle al oído mientras duerme aquellos conjuros y palabras mágicas que culminarán con un absoluto sometimiento de la voluntad.

3 – El poder de la Ilusión: Este tipo de hechizo tiene como fin una distorsión de la realidad percibida por un tercero, y cuya finalidad radica en que el Iniciado pueda mostrarse bajo diferentes rostros y formas, las cuales sólo adquieren realidad para el hechizado.

4 – El Poder del Reconocimiento. Sirve para que quien se inicia en los trabajos esotéricos de magia oscura pueda reconocer a otros Iniciados de su mismo nivel.

5 – Poder sexual: Provee al mago de un atractivo irresistible, el cual puede ser canalizado hacia una persona en particular. Casi siempre se lo utilizaba para atraer a una mujer u hombre en aquellos rituales esotéricos en los que se requería la realización de diversos actos sexuales, en general poco convencionales. Muchos brujos y brujas lo utilizaban simplemente para satisfacer sus instintos sexuales cuando llegaban a la senectud.

6 – El poder de la Noche. En estos rituales están basados casi todas las primeras leyendas sobre vampiros. El Ritual de la Noche permite al mago observar la verdadera realidad de la oscuridad nocturna, convirtiéndose él mismo en una criatura de la noche. Por lo general, cuando los viejos magos llegaban a la ancianidad más decrépita, llevaban a cabo este ritual, el cual dotaba de una increíble vitalidad al brujo. Este complejo ritual esotérico tenía lugar después de haber recorrido todos los círculos anteriores, y tenía un precio ciertamente alto: Vivir sólo de noche, huyendo hacia las oscuras catacumbas o lóbregos sótanos cuando el sol estallaba en el este, y algo peor, mantener una existencia motivada por un sólo anhelo, sólo un deseo que carcomía la voluntad del más temerario: Beber la sangre de los humanos.

Twilight (Crepusculo)

Posted by kiramui1 on May-28-2009